jueves, 17 de junio de 2010

¿Si de verdad no es para mí?

…¿Si de verdad no es para mí?

Si su ausencia, su lejanía y tristeza son señales que me indican que no está en mi destino,
Lo que sea que signifique ese ente raro llamado destino.
Pueda ser que deba comprender que no el Azar me quiere decir algo,
Al fin y al cabo es la única justica universal.

Puede que la ausencia sea el significado de nuestra relación.
Tal vez y sólo tal vez, pueda ser que esta vez haya comprendido bien.
Creo que existe la posibilidad que la dirección de todo esto era la soledad.

Si pudiera hacer alguna pregunta a cualquier dios, vivo o muerto;
Sería que me explicara el significado de todo esto.
Puede ser que esto haya sido para prender la mecha del motor de la conciencia
No lo sé y al parecer no sabré nada.

Yo solo sé, que no podré descansar hasta que dilucide algo de esto
No tiene fin, no tiene sentido y tiene un sabor dudoso.
He tomado decisiones de las que no me arrepiento,
Pero ahora estoy perdido.
No encuentro el camino.
Y ninguna luz de ningún saber me puede ayudar.

Mi vieja amiga en forma de sombra me acompaña
Y me da la bienvenida de nuevo.
Con su tierno beso, me dice que me ha extrañado
Creo que por fin me he dado cuenta,
Después de haberme dado una vuelta por la luz,
Que mi lugar favorito y que me corresponde
Es la sombra de la soledad

La única luz que penetra que en la obscuridad
Es la de la ventana en forma de libro que deja entrever
Algunos mundos extraños y distantes.
Creo que ahí me puedo refugiar.

lunes, 10 de mayo de 2010

La Concepción

Iba corriendo lo más rápido que le permitían sus piernas. Sus músculos no tardarían en incendiarse y sus huesos pronto se volverían polvo, después de unos segundos sólo quedaría una masa de piel y sangre; pero esta vez la sangre no daría vida. La cuesta arriba y el empedrado de las calles no hacía la tarea nada fácil. A espaldas y cuesta abajo se veía la plaza de La Concepción, alguna vez reconocida como el centro de Coyoacán, pero eso había sido hace mucho tiempo, el paisaje había cambiado: la plaza de La Concepción ahora se encontraba hundida en el corazón de un pequeño valle y bardeada, más arriba yacían los restos de los viveros. La única luz de tranquilidad y esperanza se encontraba al interior de las paredes de La Concepción; a las afueras de sus murallas se levantaban escombros y gran parte de la decadencia de lo que alguna vez fue la parte sur de la Ciudad de México. Pobres, enfermos, deformes, locos y muertos eran quienes habitaban la zona externa de La Concepción; de día los olvidados de la ciudad se escondían, sin embargo, una vez que los rayos del Sol se despedían de la tierra, los quejidos, sollozos y lamentos de quienes tal vez estarían mejor muertos, inundaban la noche.

Corriendo sentía el temor y frió en carne propia. La puerta de La Concepción ya había cerrado y la luna se levantaba en el cielo. Quejidos sin forma saliendo de las ruinas de edificios lo llamaban. El sólo cerraba los ojos y hacía caso omiso de los llamados. En ocasiones tropezaba con alguno de ellos. El olor a podredumbre, inmundicia, decadencia y mierda llenaba el aire. Los pocos olvidados que todavía podían comprender algo del mundo y de la realidad traban de venderlo basura, ellos eran quienes se acercaban más a él.

Mentando madres, en lágrimas, sudor y miedo se preguntó que carajos hacía ahí. Sufriendo penurias que de ninguna forma debió pasar. Fue cuando recordó. Había ido a buscarla, a quien le había jurado acompañarlo siempre. Ella había llegado a La Concepción después de haber abandonado un páramo desolado al oriente de la ciudad. Después de varias circunstancias desafortunadas y estúpidas, a él le pareció buena idea verla y hablar con ella para encontrar de nuevo el rumbo que había perdido. Pues fue con esa idea bajo el brazo que llegó a La Concepción. Con la luz del día los al rededores no se veían tan grotescos ni terroríficos; de hecho se veían agradables, muy tranquilos y verdes, daban ánimos de caminar por esas partes. La Concepción era muy pueblo bastante animado, muy concurrido, en el cual se podía comprar y vender cualquier cosa. Como en sus viejos tiempos, el incienso perfumaba el ambiente y todos los lugares para comer se encontraban hasta el tope; no podían faltar los espectáculos callejeros y un murmullo que jamás se volvía molesto, más bien adquiría un tono de música ambiental, bastante agradable.

Días antes le había avisado que iría, por lo que ella ya lo estaba esperando. Trabajaba en una tienda ropa cerca del Mesón del Tunar. A un costado había un hostal, mismo que ella residía. La vio de inmediato y sintió el hormigueo en todo su cuerpo, aunque él mismo sabía que no sería igual. Se acerco con una sonrisa y con un beso en la mejilla la saludó. Se veía hermosa, brillaba y resplandecía con el Sol. Se tomó el día libre y fueron a comer a un pequeño lugar alejado del todo el barullo de las calles principales, en el trayecto ella le presentó varios amigos, muchos de ellos extranjeros trotamundos; lo único que pudo recuperar de esos encuentros efímeros con sus amigos fue una extraña mirada que varios portaban. No le dio mucha importancia. Una vez sentados comiendo tapas y echándose unas chelas, las horas pasaron. Gente iba y venía, el lugar se llenaba, se vaciaba y se volvía a llenar. Iban armando cigarro tras cigarro y los vasos con cerveza se iban vaciando; las tapas con diversos embutidos y quesos sabían a gloría, muy pocos lugares seguían ofreciendo tal variedad de alimentos y claro, por la escasez se comprendían los precios tan altos. No importaba, la ocasión la ameritaba. Después de tanto comer y beber les dio sueño, subieron a las instancias de arriba donde había sillones perfectos para una siesta de media tarde.

Cuando abrió los ojos se encontraba sólo. Frente a él había una mesa con dos tazas humeantes y dos cigarros preparados. No había nadie. Se levantó y se dirigió al baño, después de echarse agua en la cara bajó buscándola. Ahí estaba ella con un amigo. Los presentó, pidió un café para él y los tres subieron. Regresaron a la instancia donde había despertado, se preparó un cigarro y se percato que no tardaría mucho en anochecer. Ya debía irse, pero no la quería dejarla a solas con él; el amigo dejaba ver claramente que se sentía atraído por ella. –Pobre iluso, es mi ex novia, si a alguien le hará caso, obviamente será a mí. Yo tengo más importancia que tú-
Ella se levantó al baño dejándolos solos.

-¿De dónde la conoces?

-Es mi ex novia. Ya tiene un rato que cortamos, pero nos seguimos llevando bien.

-Creo que si me ha platicado de ti…

Cuando regresó había cierta animosidad en el aire que provenía del pretendiente. Al poco rato salió del cuarto y bajo por las escaleras. Ella quería disimular, pero no podía evitar ver las escaleras cada cinco minutos. Trató de disimular pero sólo lo hacía más obvio. Dejó que pasaran unos minutos y después bajó también. Su intento de esconder la preocupación y la intención de buscarlo se moría con la luz del día. Se quedó solo, mientras el humo de los cigarros y los cafés se unían en una nube que nublaba los ojos y los corazones de los presentes. Se asomó por la ventana, el atardecer desde esa ventana era un espectáculo bastante hermoso, la luz dorada y ocre bañaba todo lo que tocaba dejando una estela de serenidad; como sí todos los actos malos que uno hubiera hecho durante el día no importaba, la luz del atardecer se los llevaría y el Sol se levantaría con una nueva promesa de un mundo mejor. Siempre las tardes de verano lo ponían nostálgico, recordando una infancia perdida ya muy lejana. Toda la inocencia del mundo o al menos de esa ciudad, se la había llevado el agua, la tierra y la sangre: el mundo se encontraba vacía esperando la próxima gran esperanza o su destrucción total.

La luz había muerto y poco a poco como veladoras al pie de la estatua de un santo olvidado y que ya no quiere escuchar plegarias, se encendían luces desperdigadas por toda La Concepción. La luz había muerto y la noche había cubierto todo con su manto coronado por la gran Luna de plata. A lo lejos los gemidos de los desafortunados que todos habían olvidado o elegido darles la espalda. Las puertas de la muralla que rodeaba La Concepción se habían cerrado dejando a los moribundos y a todos los que se podía quejar en otro mundo, en otra realidad. Ahí los putrefactos no lo podían tocar. Al menos eso era lo que él creía…

Decidió esperarla, de cualquier forma ya no podía regresar, se tendría que quedar ahí esa noche y mañana partir. Comenzó a inspeccionar el lugar. Era una casona muy grande y antigua, la cual no sólo fungía como taberna, también buscaba ser una suerte de espacio cultural; aunque en situaciones como las que vivía el mundo no había mucho arte y cultura que mostrar. Había cuartos con salas, otros con camas, otros vacíos y otros que funcionaban como bodega; todos los cuartos amueblados contaban con estanterías llenos de libros, pinturas colgadas en todas las paredes a la menor provocación y cualquier objeto que pareciera algún tipo de obra de arte. El pasillo principal desembocaba al fondo en balcón, el cual tenía vista a un patio en la parte trasera de la casa, el cual funcionaba como huerto: frutas de todo tipo, vegetales, leguminosas e inclusive mariguana. Al tiempo que iba bajando por la escalinata en dirección al huerto, escucho unas voces en el cuarto más cercano.

-¿Qué hace él aquí?

-No sé, ella nos había contado que terminaron mal.

-Puede ser que haya venido a pedir perdón. Oye, ¿Crees que se quede aquí?

- Ella no lo va a correr y por ayudarle le puede ofrecer cama. La verdad, no es por ser culero, pero él ya se habrá dado cuenta que no tiene lugar aquí.

-Además ya habló con Rogelio y vio como se lleva con ella. Me imagino que ya se dio cuenta que ya hay algo entre ellos.

-Pues no lo sé, pero nadie está muy a gusto con él aquí. Lo notó desde la tarde

No le sorprendió en lo absoluto o eso fue lo que el mismo quiso creer. La verdad era que se sentía como un idiota al haber ido a La Concepción. Tomó sus cosas, bajo a toda prisa dejo un billete en la barra y se dirigió a la entrada. En el marco de la muerta los vio hablando, se despidió lo más rápido posible de ella y se fue corriendo. Ella se quedó mirando cómo se iba por la calle sin saber que pensar. Recorrió en varias direcciones La Concepción hasta encontrar una pequeña puerta de servicio que todavía no se había cerrado del todo; discutió con los hombres que resguardaban dicha salida y después de un soborno pagando su pobreza más no su moral, lo dejaron pasar.

-Si decides ir por ese camino y abandonar la muralla, tendrás suerte si mueres, ya que vivir siendo podredumbre como los que se levantan con la noche no es vida y es mejor morir.

Con todo y advertencia poética decidió correr lo más que su fuerza le permitiera. A las orillas de la muralla viven los olvidados que pueden pensar y tener conciencia de sí. Todos lo observaban. Una bruma muy espesa se levantaba en el aire, el olor era insoportable, tuvo que detenerse a vomitar en un rincón, siempre cuidando que nadie lo sorprendiera; echó a correr cuando escucho que se acercaban, no volteó pero escucho como algunos se abalanzaban para lamer del suelo lo que él había arrojado de su boca.

No se podía dar el lujo de descansar o si quiera pensar. A estas alturas lo único que existía era el hecho de correr. No cabía otro pensamiento en su mente. Debía correr para dejar la hermosa tarde perdida vivida hace unas horas, le revelación que indicaba que él ya no era el más importante en su vida y para escapar de la decadencia que se arrastraba a su alrededor.

Si no lograba salir corriendo pensaba en los horrendos escenarios que le esperaban. Podía ser asesinado, violado, comido u orinado por estos seres que alguna vez fueron hombres. Podía perderse entre las ruinas de la zona sur de la ciudad y también perder su cordura. Podría vivir de las migajas y de los seres más bajos que él, tratándose de aferrar a un algo que lo mantuviera vivo con algún cierto objetivo. El problema era que lo único que lo amarraba a esta realidad ya lo había perdido, dejándola en La Concepción. Era preferible perderse en este mundo de seres condenados que ser testigo absoluto de lo que pudo ser su vida con ella. Ya no recordaba como había sucedido todo pero de alguna manera parecía ser su culpa: a esa conclusión había llegado todas las penurias por las que estaba pasando había sido por propia culpa, ella lo abandono por sus errores, la muerte de sus amigos había sido por sus malas decisiones y el mundo enfermo lo había causado él. Su esperanza se extinguía en La Concepción, su penitencia era correr por alguno de los círculos de los infernos; aunque aún no descubría en cual se encontraba, era el círculo en donde se castigaban a los héroes falsos, a quienes se encomiendan el destino del mundo y fallan. Por eso debía correr y correr atravesando la obscuridad del corazón de la ciudad. No hay luz en el abismo.

No sabía en donde se encontraba, lo mismo veía arboles como edificios caídos. Estaba sólo. Los lamentos habían cesado, aunque tenía una sensación de persecución. Se tiro al suelo a llorar. A lo lejos columnas de fuego se prendían y apagaban, las reconoció de inmediato: eran las tuberías de gas natural rotas que se incendiaban con cualquier chispa. Por instinto se acerco a una de ellas. Cual niño asustado buscó alejarse de la obscuridad. Se acercó a una llama de unos dos metros que se encontraba bajo de un puente; reconoció el puente derrumbado como parte de Churubusco. Era agradable el calor y la luz que emitía la gran llama. Se sentó a llorar a un lado de la flama y se recargó en la pared. No sabía qué hacer. La advertencia que él mismo había dado era: “jamás pasar la noche sólo fuera de una muralla” Ahora él se encontraba en su pesadilla.

Abrió los ojos. Se había quedado dormido llorando en posición fetal sobre el suelo. La llama seguía. Deseo no haberse despertado. Los ruidos que lo habían levantado. Risas metálicas y agudas se escuchaban en diferentes direcciones. Balbuceos incoherentes se escuchaban en la obscuridad

Ven. Hambre. Observa. ¿Quieres jugar conmigo? Estoy sólo. Ven. ¿Quién está ahí? ¿Quién me lleva de paseo? Chale. Míralo. ¿Qué hace? Hambre. ¿Quién llora? Vamos a jugar. No me dejes sólo. Quédate conmigo.

La sangre helada no le permitía sentir el frio de la noche. De ver a la noche coronada por la Luna desde la muralla, ahora veía a los colmillos de la noche y recordaba porque los hombres le temíamos a la obscuridad. Su único pensamiento fue acercarse a la luz. La esperanza ilumina a los hombres y a él lo iluminaba en forma de fuego prometeico. Al sentir el calor en su piel se sintió más seguro. Frió y miedo acechaban su espalda. Algo se acercaba más y más en la noche. No quiso saber que era, su mirad se quedó clavada en el fuego. Ahí se perdió en los tonos rojos.

Unas lágrimas recorrieron sus mejillas y entre el fuego por fin vio a Victoria, ella lo llamaba desde un recuerdo guardado, no era Victoria de aquella tarde discutiendo con Rogelio; era Victoria de un pasado distante en un campo hermoso e interminable en un día de verano donde no había preocupación. El Sol brillaba desde lo más alto y tocaba todas las cosas de un gran campo verde donde nada malo podía suceder. Desde ese campo verde y dorado por los rayos del Sol su Victoria le hablaba.

-Allá voy Vicky

Saltó hacía el gran pastizal. Sintió el calor del Sol. La luz era tan brillante que lo dejo ciego. Sólo sentí el calor del día de verano. Los tonos dorados lo inundaban. Nunca sintió dolor. Se refugió un mundo dentro de él, en el cual siempre podía estar con Victoria.

-Por fin llegaste. Te extrañé demasiado.

-Sí, al fin estoy contigo. Nunca te dejaré.

Se fundieron en un gran beso. La imagen del pastizal y de los enamorados desapareció en la llama de dos metros. Su cuerpo se consumió de manera instantánea. La llama creció por un momento y regreso a su estado normal. No quedó nada que la obscuridad pudo haber devorado. Al fin encontraba paz en la luz. Al fin dejaba de tenerle miedo a la obscuridad. El fuego calentó la fría noche.

Una gran llamarada se pudo observar en La Concepción. Desde la habitación de Victoria, Rogelio desnudo, se levantó de la cama, se acercó a la ventana y prendio un cigarro.

-¿Ya viste mi amor? Un tubo de gas natural acaba de explotar. Fue uno de los grandes. Soltó una gran llamarada. Hasta acá se vio

-¿Por donde fue? ¿Fue acá cerca?

-No, yo calculo que fue más delante de los Viveros, seguro fue por Churubusco.

En ese justo momento, Victoria se preguntó por Israel, en donde habría pasado la noche y como se encontraba. Se le formó un nudo en la garganta. Quiso comentarlo con Rogelio, pero prefirió guardárselo para evitar otra pelea. Se volteo, dándole la espalda a la ventana y a Rogelio, y una lágrima que reflejo la luz del sol bajó por su mejilla.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Emergencia o ¿Cuánto vale una vida?

Los balazos digitalizados no dejaron escuchar los verdaderos. Tal vez no los quiso escuchar. Una vez que le dijeron: “Están asaltando a tu madre”, no pudo sentir otra cosa que no fuera miedo. Bajó corriendo a trompicones. La impresión de ver a tu madre tirada en el suelo, en medio de un enorme charco de sangre, es algo que nunca se olvida; aún hoy, cada que lo recuerda, un sudor frío le baña el cuerpo.

Cerró los ojos y cuando los abrió, había regresado a la calle en el corazón de uno de los tantos barrios bravos de la Ciudad de México. Acababa de estacionar el coche. Algo similar a una Caribe o a una Brasilia, se encontraba a un lado de su auto; el coche había sido modificado: faros de xenón, sonido que volvía polución a la música, rin ancho y el rugir de un auto deportivo que le quedaba grande al zapatito que se hacía pasar por coche. Los tres pasajeros del coche surrealista se habían bajado.

Se había ido por unos minutos, aunque le parecieron eternos. Regresó a ese jueves negro, en plenas vacaciones de verano, en las que habiendo acabado la preparatoria, estaba a la espera de iniciar la universidad. Recordó cuando subió a la ambulancia, él fue el escogido para acompañar a su madre, le tomaba la mano mientras escuchaba catatónico a su madre decir “Hijo, me voy a morir”. Todavía escucha la sirena a lo lejos con un eco funesto como si alguien le dijera: “No te olvides que aquí estoy, todavía no te has salvado”

Sus ojos reflejaban la luz roja de la sirena de la ambulancia, cuando se dio cuenta que tenía de nuevo el cañón de la pistola a la altura de la frente. Le quedaba un poco alto, él se encontraba en el asiento del conductor, mientras que el cabrón le apuntaba desde afuera. Se encontraba en una calle desconocida, siendo amenazada por un güey que nunca había visto en su vida.

-Órale no seas puto, bájate, te voy a dar en la madre.

-¿Qué me ves puto? Pinche fresita culero, aquí quedas.

-No te estoy viendo, no traigo pedo de nada…

Finalmente pasó, el sonido sordo, no hizo eco. Sintió tres punzadas casi insoportables en el cuerpo, como si algún animal venenoso lo hubiera mordido y no lo quisiera soltar. El olor a carne quemada le subía hasta las narices. Acostado entre los dos asientos delanteros del coche se dio cuenta que tenía muchos cortes en la cara: al explotar el cristal de la ventana, miles de pedazos de vidrio lo cortaron. La sangre era tibia.

Tan bien que había empezado el fin de semana. Sólo quería seguir la fiesta. Cerró los ojos y de nuevo escuchaba la sirena. Estaba llegando a Urgencias de Lomas Verdes y la señorita detrás del mostrador le decía que llenara la forma y esperara. Se llenó de ira y le mentó la madre a todos alrededor. -¿Qué no ven que a mi mamá le acaban de disparar?- Después lo entendió, sí, le acababan de disparar pero no peligraba su vida, a lo más perdería el brazo, pero no la vida; había gente adelante en la fila que posiblemente si la perdería, eso sí es una emergencia.

¿Cómo algo tan pequeño podía arrancar vidas enteras? ¿Cómo era posible que el metal frío e inerte, pudiera llevarse vidas? Le pareció un tanto poético. Lamentó no tener algo con que escribir. Pensó en escribir con su sangre, al fin y al cabo, lo que se escribe con sangre jamás se puede borrar. La sangre da vida y termina por llamar. Y su sangre salía del coche y se iba por la coladera, para unirse con la suciedad de esta ciudad, tal vez con la podredumbre ahí serían lavados todos sus errores. Sangre, lodo, agua, podredumbre, sudor, lágrimas, alcohol: eso era la ciudad y en eso se había convertido él. Justo como lo que le sucedía ahora, esperaba que eso si fuera una emergencia.

Los tres balazos que había recibido contaban como emergencia. Tal vez a él si lo habrían entendido de inmediato. Al menos eso esperaba. Aunque no lo entendía, ¿Por qué dispararle a alguien por el gusto? Lo único que había hecho mal era haber estado en el lugar y momento equivocados. Con su madre si lo podía entender más, era por dinero; la vida de una persona vale 40 mil pesos, ¿sube el valor si es madre? ¿La vida de un abuelo es más cara? ¿Cuánto vale la de un niño? ¿Va subiendo dependiendo cuanto amor recibas? ¿Cuánto valía su vida? Al parecer su vida solo valía algunas risas y diversión para algunas lacras.

Se cansó. Pensó que ya todo esto salía sobrando. No había razón de pensar en todo esto. Poco a poco fue liberando sus pensamientos al vacío. Poco a poco dejo caer cada una de sus lágrimas restantes. El aliento de vida se fue de su cuerpo. Todo se juntó en una nube, todo a lo que alguien, alguna vez pudo llamarle Juan, había desaparecido; ahora se evaporaba y subía hasta la oscuridad del universo para juntarse con el todo.

“Al menos no vi morir a mi madre” Pensó, mientras subía e iba dejando abajo su cuerpo, la pistola, la calle y al mundo.

jueves, 11 de marzo de 2010

Quiero, necesito, pero no puedo….

Quiero sudar un nombre.
Quiero soñar un cuerpo.
Quiero ver unos ojos en la oscuridad.
Quiero probar tu cuerpo en la necedad.

Necesito saber que estas ahí.
Extiendo tu mano al abismo.
Sin tu mano me pierdo.
Tengo miedo.

No me sueltes.
No me beses.
No me ames.
No me mates.

No hagas nada.

Estoy desnudo en el abismo,
en el corazón de la oscuridad.
Estoy perdido.
Siempre fiel.
Siempre muerto.

¿A dónde voy?
A mi cuna.
A mi tumba

lunes, 8 de marzo de 2010

Una nueva fe.

Hace mucho tiempo pensé en entrar al seminario, es decir, pensé en ser sacerdote. Para la gente que me conoce, le sonará bastante raro que yo haya considerado alguna vez en mi vida, volverme sacerdote. Aunque, si se toma en cuenta mi crianza y formación católica, siempre fui a colegios católicos; no suena tan extraño que explorara la opción del sacerdocio. Debido a ciertas dudas respecto a algunos dogmas de fe, reforzadas por mis lecturas en el momento sobre física cuántica y filosofía; jamás logré conciliar las dudas con las creencias, por lo que las ganas de volverme sacerdote se evaporaron.

Muchas dudas siguen libres en mi cabeza y junto con el bagaje que tengo; han transmutado mis ideas sobre un dios único y verdadero, por las de un estado de paz espiritual del cual todo es participe, más cercanas a las enseñanzas budistas que a la personificación de un dios todopoderoso. Aún así, pienso que mientras unos entienden a ese algo como un dios personificado, otros entendemos a lo divino como parte de nosotros y un estado de iluminación; habrá quienes lo comprendan como simple energía. De cualquier forma, creo que todos hablamos de los mismo interpretado de manera distinta.

El tiempo ya pasó y lo único que me queda sobre la inquietud de volverme sacerdote son las ganas de hacer estudios en teología y el enojo con respecto a padres pederastas. Este post hablará sobre estos segundos. Cabe mencionar que jamás fui víctima de ningún tipo de abuso, ni he conocido a nadie que lo fuera. Sin embargo, debido a las creencias que alguna vez tuve, me parece completamente despreciable lo que estas porquerías humanas hacen con niños que tienen su completa confianza. Pero considerando que está de moda hablar de abusos infantiles por parte de sacerdotes, debido a lo casos Maciel y de la arquidiócesis de Dublín; mi post se dirigirá a tratar de dilucidar, él porque esta práctica tan terrible se da tanto en el corazón de la Iglesia Católica.

Si lo pensamos bien resulta bastante lógico que en el corazón de la Iglesia Católica surjan sujetos que deprenden en la confianza de un niño, que a mi parecer es de las cosas más sagradas que puede haber en este mundo. Volviendo al punto, debo mencionar que estadísticamente, la mayoría de los sacerdotes que abusan de menores han sido ordenados en la adolescencia, de 13 a 16 años; hecho que resulta bastante significativo, ya que es cuando la identidad psicosexual se está conformando. El niño convirtiéndose en adolescente, conforma y reafirma su identidad con respecto a otro; en la mayoría de los casos un niño conforma su personalidad psicosexual con respecto a una niña y viceversa. Poco a poco se asumen roles sociales, los cuales junto con características biológicas determinadas van construyendo un genero, dando como resultado algo llamado hombre y mujer, condiciones que trascienden el sexo biológico.

Ahora bien, el individuo que entra en el seminario durante la adolescencia, durante la construcción de su yo, no tiene un referente a la mano con el cual delimitarse ni construirse. El niño entra a la preparación para el sacerdocio, solamente convive con seres similares a él. Jamás logra dilucidar lo que es la diferenciación de géneros ya que nunca la ha vivido. Más aún, si durante la construcción identitaria que surge en estos años, se suma que la figura femenina se le relaciona con la tentación, el pecado primigenio de la carne y en general con cualquier impulso sexual, el cual es claramente negativo; encontramos que los adolescentes no llevan a cabalidad una formación psicosexual sana.

No hablo de preferencias sexuales, ya que el individuo tuvo que experimentar esta relación con el otro para conocer o construir (dependiendo si ustedes creen que se nace o se desarrolla una preferencia sexual) su preferencia sexual. Es decir, tuvo que relacionarse con hombres y mujeres en algún nivel para saber cuál es su preferencia. Por el contrario, al sacerdote que se convierte en abusador de menores, jamás se le brinda dicha oportunidad de convivencia con respecto a otro género. El referente que todos tenemos al crecer es nulificado e inclusive satanizado.

Y dado que toda experiencia carnal, dígase sexo, es mala; las prácticas pederastas sólo son otra forma de pecado. Es decir, no hay diferencia cualitativa si se tiene sexo con una mujer que con un niño. En este sentido, se trivializa el abuso, se padece una ceguera moral con respecto al daño realizado; al fin y al cabo es otro pecado: es lo mismo el abuso a un niño que una mentira. Vemos, como lo único que se condena es la ruptura del mandamiento y las cantidades que se rompen, pero no hay diferencia en entre maneras de romperlo. Ambos pecados, mentir y abusar de niños, son lavables con una confesión.

Es así como llego a mi tesis central: los sacerdotes pederastas no son el problema, son el síntoma de una institución bajo preceptos caducos. Si el sacerdocio se completara con la experiencia de tener una familia y ser padre; seguramente el abuso a menores bajaría. Si a los sacerdotes se les brinda la oportunidad de relacionarse con el otro género, tendrían un desarrollo psicosexual sano. Hasta el siglo IV hubo papas casados y en ningún momento, en la Biblia se prohíbe expresamente el celibato a los sacerdotes. Si el argumento fuese que deben ser célibes para emular a Cristo la lógica falla. Jesús amaba a sus discípulos como un padre a sus hijos, en teoría como Dios ama a los hombres y como un sacerdote debe amar a sus feligreses. ¿Cómo pretende conocer el amor de un padre a un hijo, si nunca lo ha experimentado?
Podemos ir más allá todavía. La experiencia de construcción psicosexual de los sacerdotes puede ser completa, si en lugar de condenar a la mujer se incluye. Si la Iglesia deja de concebir a la mujer como fuente de mal y pecado, el desarrollo psicosexual de los sacerdotes sería más sano. Por otra parte, en la Biblia jamás es prohibida dicha práctica o ¿Acaso las mujeres no pueden emular a Cristo por su condición biológica? En dicho argumento hay una lógica patriarcal brutal, mostrando los preceptos antiguos de una institución que no ha tenido reformas desde su inicio y que ha preferido expulsar, así como perseguir a sus disidentes, en lugar de adoptar una actitud de amor y de inclusión que tanto pregonan. ¿Dónde está el tan mencionado: “si tu enemigo tiene hambre de comer pan, si tiene sed, dale de beber agua?

Y es así como podemos ver que los abusos a niños por parte de sacerdotes no es el problema, sino el síntoma de una institución caduca, cuyos preceptos llevan dos mil años de antigüedad y que ha buscado ignorar a la sociedad contemporánea. La Iglesia ha provocado estos problemas que se le vienen encima, la institución misma ha podido cambiar, pero ha decidido no hacerlo; todo en pro de mantener el poder que ha detentado dese hace dos mil años. El resultado, una Iglesia falsa que ha perdido credibilidad y que produce a sacerdotes pederastas que en otras condiciones serían individuos funcionales. La Iglesia ha llevado a las enseñanzas de Cristo por el camino equivocado, siendo Jesús el primer revolucionario de la historia, la Iglesia ha llevado a sus fieles por un camino de opresión, jerarquías e hipocresías. Quienes se atreven a cuestionar los preceptos de la Iglesia son castigados y calumniados.

Al parecer es muy tarde para quienes abandonamos la fe católica, en gran medida por las hipocresías de una iglesia construida en mentiras. Pero si tú te dices católico, mi querido lector, termina de matar a esa iglesia de palacios y monarcas, tan alejada del que tiene sed y del que tiene hambre. No creas en una Iglesia que sólo pervierte la palabra de Cristo y denuncia sus abusos, los cuales son escondidos; pero sí se pronuncian con respecto a la moralidad de todo y de todos. Además, que sin importar que su cara sea la de Marcial Maciel y sacerdotes pederastas en todo el mundo,la Iglesia puede castigar y condenar. Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra.

Construye una nueva relación con tu Dios. Una relación sin intermediarios, sin abuso y sin mentiras. Habla con tu Dios, no dejes que alguien más lo haga por ti; Cristo hablaba de manera directa con sus discípulos, su ministerio estaba en las calles y sobretodo, recuerda que el único momento en el que Cristo explotó de ira fue en un templo. Haz todo esto mí querido lector, si es que te llamas católico, rescata el mensaje de amor de tu Dios y espárcelo. Busca como creer en tu Dios; pero no creas en sacerdotes que abusan de la confianza de familias, que piensan que él es representante de Dios en la tierra. Mi querido lector, si tienes esperanza en tu fe, haz todo lo anterior; ya que yo, en algún momento tomé esa tarea como propia, pero ya no creo en tu Dios.

domingo, 7 de marzo de 2010

Vuela al País de Nunca Jamás

Wendy, vuela por el cielo.
Sólo que no me pidas que vuele contigo,
mis alas se cayeron hace tiempo.

Cuido tu vuelo desde el suelo.

Vuela cual gaviota en el mar,
sin importar que allá sea a donde salen a morir.

Vuela y abre tus alas,
aprovechando la brisa veraniega que se lleva tristezas
y recuerdos a un país sin nombre.

Vuela a donde sea que vayas.
Vuela sin importar la distancia
y el territorio recorrido.

Lava mis lágrimas y recuerdos.
Lava la nostalgia.

Mi dicha está contigo siempre que extiendas tus alas.

Lamento no poder acompañarte de la mano en tu vuelo,
me acerqué mucho al sol y mis alas cayeron.

Caí, me ahogué en el mar y
llegué a la orilla medio muerto.
La sombra de tu cuerpo proyectada en la arena en tu vuelo,
fue lo que me trajo de nuevo.

Vuela siempre y de noche,
escribe y grita cosas cuando nadie te vea.
Siempre recuerda que en la noche te atreves y sueñas más.
El cielo nocturno será tu refugio;
ahí nadie te alcanzará, ni siquiera yo.

Allá arriba, donde viven las cosas sagradas,
es en donde estarás más segura.
Sólo mis pensamientos y mi esperanza te podrán tocar.

Mi espalda duele, le hacen falta sus alas.

Alguna vez tuve la gloria de ver el mundo desde el cielo.
Pero esos días han pasado.
Ahora sólo queda el recuerdo de mi sombra en los campos
y de estar cerca de las estrellas.
Sólo trayendo esos recuerdos a mi mente es como puedo ser feliz.

Desde la tierra seré tu guía y mi aliento tu impulso.
Aunque llegará el momento en donde yo no podré estar.

Gracias Wendy
Con tu vuelo recuerdo lo que es el viento en el rostro.
Nunca dejes de volar ni de soñar.
En tus vuelos y en tus sueños, mi esperanza recobra sentido.
Gracias Wendy, con tu vuelo regreso a la vida.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Basta de Héroes

Durante el tiempo que llevo usando Twitter, me he dado cuenta de una figura muy particular. En el horizonte del timeline, una luz tenue pero constante se deja ver. Entrecierro los ojos para alcanzar a ver que es ese faro a la lejanía. Poco a poco lo distingo y advierto una silueta, la cual poco a poco va creciendo. Cual caballero cruzado o jinete solitario, va el periodista cabalgando para liberarnos de la tiranía de la opinión propia e indicarnos que pensar. Cual héroe mítico envuelto en fantasía y su historia narrada en leyendas, ya sea similar a Perseo montado en Pegaso o semejante al Cid Campeador; el periodista deja ver su figura que atraviesa diversos medios y dispersa la sombra de la duda, todo, en búsqueda de la verdad (cualquier cosa que esto signifique).

Más allá de venir a rescatar la figura del periodista o del líder de opinión, vengo a decirles que ya estoy cansado de esta figura y la hipocresía que últimamente me representa, particularmente en Twitter. Comienzo por decirles que ya estoy harto de los personajes que se representan a sí mismos como luchadores de la verdad. Estoy cansado del líder de opinión que se vanagloria; que se percibe como alejado de los mortales y glorifica su opinión como lectura más que experta, cuando en realidad esconde intereses particulares y la búsqueda de un cierto poder.

Ese periodista cercano a dios, alguna vez fue un joven con opiniones e ímpetu de escribir; puede que no tuviera agenda y creyera en alguna idea. Ahora años después, el joven escritor ha cambiado. Ahora es renombrado y su palabra es tomada como designio y mandato. Se regodean en la fama y se auto-designan líderes de opinión. Lo que piensan es lo único válido y atacan a quien osan desafiarlos. Solo reproducen el mito y los discursos que han asumido; para mí reproducen la dominación, sin importar cuál sea la bandera que enarbolan. Deberían buscar los hechos y venden su verdad. Que hipócritas si me preguntan.

Alguna vez fueron jóvenes, pero ahora, cuando los jóvenes los desafían se burlan de ellos llegando al grado de señalar complots. Como si dijeran que la única lectura correcta es la propia, si se disiente de esta, se es un necio estúpido o cómplice del enemigo. Al parecer es como entienden el mundo: buenos y malos, estás conmigo o en contra de mí. En todos los espectros políticos los hay, detentando opiniones diversas. Ningún tópico parece salvarse de la glorificación de estos adalides de la verdad. Como si hubiera una sola verdad….

Es por todo lo anterior que grito: ¡BASTA DE HÉROES, BASTA DE MITOS, BASTA DE SEGUIR BANDERAS AJENAS! ¿Por qué hemos de seguir algo que nos venden? ¿Por qué no hemos de crear algo propio? ¿Por qué sólo es válida la opinión de un tipo que la única ventaja que tiene sobre la mía es son los años?

Aclaro, la experiencia es necesaria y muchos de estos personajes gozan de una gran experiencia. Pero, ¿Acaso la opinión de un sujeto cualquiera, como la mía, no vale? ¿Por qué la interpretación del mundo de un personaje que escribe en ciertos medios, todos con intereses particulares; es más válida que la mía?

En el medio de Twitter, lo anterior se ve a leguas. Todos opinan como su gallo les indique. Sin importar quién sea el gurú en cuestión, la tendencia es elevarlo a condición de profeta y jamás desafiar su voz; quien se atreva a cuestionar la lectura del gran profeta es castigado. Lo peor es que esta dinámica no la incita el periodista, escritor o lo que sea, la conducta emana en automático de los seguidores del personaje. Y claro, mientras defiendes a capa y a espada a tú maestro, es deber imperativo atacar al que representa oposición de ideas. No hay términos medios, o estás conmigo o en contra mía.

Ahí es lo que veo más grave, que el tuitero seguidor no se cuestione desde donde viene tal idea o tal opinión. Claro, las ideas del periodista son guías pero sólo deben ayudar a la interpretación para crear una lectura propia. Misma función que debe realizar el maestro y el crítico. No sirve un maestro omnisapiente que además se sienta alejado de sus pupilos, como tampoco sirve un crítico que determine que es bueno o malo; todas estas figuras deben ayudar a construir una interpretación, no imponerla.

Además, con el tiempo un tuitero se volverá el nuevo Arreola, con lo q todo esto connota, el análisis dependerá si tienen o no los mismos intereses. No crean en nadie, no more heroes. La única diferencia entre un periodista reconocido y un tuitero joven es la edad, el dinero y los seguidores. Por eso es que creo que no se debe glorificar a nadie. No debe haber pedestales. Son personas falibles, con interpretaciones. La diferencia entre las opiniones de un tuitero joven y un periodista es de donde viene el dinero, si es q lo hay. Claro, lo digo por el lado del tuitero joven, quien no recibe dinero, el periodista sí. Sin embargo, ambos detentan intereses personales. Más desvergonzado aún, el periodista se hace autopromoción, en lugar de sólo dejar que su trabajo hable por sí sólo.

No me vengan que un periodista tiene la verdad absoluta. No lo suban a un pedestal. Sobre todo, piensen que se puede equivocar. Estos periodistas también son hombres, no son héroes o semidioses; son individuos como nosotros, sólo que en unos años más. Al fin y al cabo, empezaron como nosotros, con el ímpetu de escribir y siendo novatos a los ojos de otros. No debemos tomar ideas ajenas compradas como verdades absolutas. El deber del joven es el de tomar sus ideas y enfrentarlas con las de periodistas, expertos, maestros y críticos. Así deberá pulirse. Si de verdad está preparado, sus argumentos se sostendrán, de lo contrario y con un poco aprender. Pero sólo podrá hacer esto en cuanto rechace a las jerarquías, en cuanto comprenda que el periodista y experto, alguna vez fueron como él, y que él será ese líder de opinión. El futuro líder de opinión comprenderá que siempre se es un estudiante y que hay formas divergentes de ver el mundo, hay muchas verdades y muchas interpretaciones.

Por eso es que digo que ya basta de ídolos, de héroes y de mitos. Acabemos con las jerarquías y reconozcamos que todos aprendemos de todos. Y es ahora cuando recuerdo aquella frase tan sabia y pop que dice: Kill Your Idols