¿Qué hace a un buen escritor? ¿Qué se necesita para que la palabra escrita no se quede como un mero intento de literatura y se convierta en una expresión artística? ¿Se necesita leer miles de libros y a miles de autores? ¿Es acaso una habilidad con la que se nace e imposible de desarrollarla? ¿Es el puro oficio de escribir?
La sombra de la duda me aquejó cuando me di cuenta del gran oficio que tiene alguien a quien aprecio mucho; las letras le fluyen con gran facilidad, a mí no tanto. Pensaba que la persona en cuestión y yo nos encontrábamos al mismo nivel: mismas posibilidades de ser buenos escritores. Lo cierto es que la persona de quien escribo es mejor escritor que yo. Me di cuenta del largo camino que me falta recorrer. Pensé de inmediato que, si no podía darme cuenta de la diferencia entre los escritos de dicha persona y los míos ¿cómo era posible saber si iba por buen camino? ¿De verdad he nacido para ser escritor o sólo un bloguero amateur sin mayor habilidad? Comparado con dicha persona, me sentí como un farsante queriendo jugarle al bohemio. Un chamaco clase-mediero queriendo ser intelectual de banqueta. Una caricatura de sí mismo. Tal vez debía dejar de hacer el ridículo y dedicarme a algo más.
La verdad es que nunca he sabido distinguir a un buen o mal escritor, únicamente elijo que me gusta y que no; que escritor me ha abierto los ojos, referente a un aspecto desconocido del mundo, y quien sólo relata lo ya conocido. Es así como decido lo que leo. Y es lo que trato de hacer: revelar una parte del secreto que me sea conocido, es decir, revelarle a alguien mi mundo.
No es la primera vez que me estas preguntas me asaltan en la mente. Después de una breve reflexión, creo que siempre las he tenido. Hasta ahora he tenido el valor de expresarlas y sacarlas del envase del dialogo interno. Si no se expresaban, no eran reales; sin embargo, ahora mis dudas han probado ser más verdaderas que muchas otras cosas de mi entorno. Lo único que quedó en un momento dado fue la duda.
No sé si sea bueno o malo escribiendo. No sé si tenga habilidad o no. Sólo sé que me gusta y que siempre he necesitado escribir. En cuanto a habilidad y oficio se refiere, no sé si sea innato o pueda desarrollarlo. Claro, nunca han faltado las flores a mis textos, muchas veces por cariño del lector y otras, quiero creer, por valía de mi trabajo; pero siempre ha quedado la duda: ¿De verdad soy lo suficientemente bueno para ser un escritor? Hasta la fecha pretendo descubrirlo.
Mis queridos lectores, si ustedes, alguna vez han tenido dudas semejantes, podrán entender por lo que atravesé cuando estas ideas me vinieron a la mente. Tal vez debiera considerar saberme un mal vino y reconocerme como buen vinagre: dejar las ínfulas de escritor y aceptarme como crítico, claro, si es que hay cierta habilidad para el análisis literario en mí. De cualquier forma, no dejare de escribir.
He de decirlo de frente: le tenía miedo a estas dudas. Creía que si no tenía respuestas a estas interrogantes no tenía valor como escritor. Según a mi entender, todo buen escritor debía saber reconocer la calidad. Puede que tenga o no valor como escritor y puede que mis textos tengan o no calidad; mi lector se encargara de decidirlo. Ahora ha cambiado mi perspectiva, creo yo que el escritor no tiene las respuestas, él es solo el encargado de hacer las preguntas correctas; esperemos que alguien las pueda contestar. El trabajo del escritor es sólo bordear el secreto del mundo, delinearlo, ir perforándolo con las descripciones que él conoce. El escritor hace las preguntas que él espera que sean las acertadas. Alguien más, no sé quien, habrá de contestarlas. Si nadie las contesta, igual está bien. Mientras, yo seguiré escribiendo.
